Hace ya casi 22 años, desde el 2002, que entré por primera vez en Shoshinkan, antes incluso de que tuviera ese nombre, y conocí por primera vez a sensei Teixidó. He tenido que viajar mucho para poder entrenar, puesto que resido a 150 km del dojo, pero cada viaje me ha valido la pena. Y creo que esto resume el espíritu de Shoshinkan, seguir creciendo y mejorando día a día, clase a clase. Nunca podré agradecerle al sensei Teixidó su entrega y pasión por las disciplinas que enseña, así como su honestidad, integridad y sacrificio para depositar todo ese conocimiento a todos aquellos que lo queremos aprender con los mismos valores que él propugna.